Tengo un corazón

Tengo un corazón que es, como una pila de escombro. Un montículo inerte, trazo de un par de ilusiones que ya nadie mira con asombro. Hubo un tiempo en que quise ser feliz, reservar para mi un lugar especial. Otra palada mas de cal, bloque, arena. ¿Es posible rearmar una fuente luego de hecha jirones, juntar todas sus partes y hacerla vivir de nuevo? Mi corazón era así, como una fuente de agua cristalina, escurriendo sueños, deseos propios y no tan propios. Una fuerte correntada un torrente, un delirio de flores en el pasto, de sombras titilando. Una apretada fragancia a primavera y un tranquilizante correr de agua. Y llegaba el verano y todo era vida y fulgor, y venia el otoño y las hojas adornaban las mas quietas aguas. Y venía el invierno y parecía apagarse, quizás las aguas congeladas en algún lado estaban, pero la fuente aun era fuente y la primavera venía y esta comenzaba a latir, como un helado al sol se deshacía su frialdad.

Tengo un corazón que era, como una fuente, que vivía cada estación a su manera, y llevaba la cuenta de su propia belleza. Ahora contemplo triste el residuo húmedo de su actual estado. Y lo miro y lloro, y la miro y tiemblo. Si con el tiempo la tierra, quizás sea una colina, pasto flores y una niña llorando. Una tumba, un monumento, que no sea testigo de la gloria de antaño, no, sólo para mi. Cuanto dinero por un balde de escombro, cuanto pagas tu por las ruinas de una mente. Mi corazón es tierra y piedras en las palmas de un extraño. Y como tierra entre los dedos se desangra, y poco a poco vuelve a ella. Poco a poco muere, y lo veo y no grito, no puedo. Y desde mi prisión de cenizas, tan solo dejo escapar de vez en cuando una lagrima o dos, que queriendo evocar mi ida felicidad a veces caen en el lugar correcto, y corren por una vieja tubería, haciendo recordar aquellas primaveras en las que el agua como sangre corría por mis venas. Y por un momento hay calor, y trozos de roca recobran su color. Pero luego cae a tierra, junto a la tumba de mis amados, mis amigos, mis amores, junto al recuerdo de la brisa, la risa y una sonrisa. Cuanto dolor se necesita para hacer trizas las trizas de un corazón. Cuantos martillazos de la vida, cuantas vueltas de una cama, cuanto análisis del techo, cuantos zarpazos del adiós para trozar la razón.

Tengo un corazón que en primavera, comenzó a morir, y cada año un poco mas, mirando descubrí, que sus aguas cada día mas negras de ponían, que botellas y bolsas y mugre amanecían. Que en el fondo de su cuero negro musgo crecía. Tapando de a poquito cada instante cada risa. Que los niños no venían a jugar, que los pájaros no se querían posar, y menos bañar. Y que cuando fue verano ya era tarde. Y llego el invierno y el viento helado, y animales salvajes y vivaces mazazos de una o dos mujeres que no quisieron rey. La hostilidad mortal de la indiferencia, y algún ser querido que parece detestar. El recursivo meditar, tratar de encontrar una solución o una razón. Cual fue el pecado o el error, tal vez culpar a mi progenitor. Alzar al cielo todo mi dolor, cantar una canción que hable de todo el error. Como recobrar las piezas de una vida sin color.

Tengo un corazón que viaja, muerto, en un mar que es tormentoso. No hay asidero, no hay ya sol, solo belleza y furia todo en derrededor. Ya no hay por que gritar, ni intentar, ni siquiera sirve nadar. Tengo un corazón que no se puede despertar. De su impotencia va ceñido, como un cinto apretado a su pecho desnutrido. Impotencia que es fatal, como muerto en vida en las garras de un halcón rapaz. Tengo un corazón injusto como la vida, egoísta y lastimado, que alguna vez de vez en cuando late. Que alguna vez queriendo despertar hace arcadas con la vida, desechando la humildad, la paz y la bondad ¿Tengo un corazón?

Damián González