Cambios de contexto

Fue en agosto que nuestro héroe se mudó, el lugar no era mucho, nunca lo fue, un pequeño monoambiente (3.25 m x 4 m) con un baño (1.25 m x 1.25 m) y kitchinete (no se como se escribe); ubicado en la planta alta de una panadería de barrio. Pequeño como era, supo estar lleno de sorpresas. Una vez que uno lograba acostumbrarse al intermitente traqueteo de las maquinas amasadoras, las noches no se pasaban tan mal. Pronto vendría sobre él el primer puaj. Este se presentó, como todos los puajs, de manera inesperada, no hace mucho, algunos meses quizás, que inspeccionando la casa durante un día de lluvia, descubrió que su techo, por entre las chapas de zinc mal encajadas y a través del zigzagueante cielo razo, una pequeña gotera hacía sentir su presencia detrás del ropero. Era una de esas noches en que las gotas de lluvia parecen no poder decidir entre caer al suelo o flotar en el aire. La gotera en si, no afectaba mucho, ni la ropa ni la vida ni su preciado descanso, bueno, al menos no esa gotera. Días después, mientras Leo disfrutaba de un sueño inducido por la arrítmica melodía de millones de pesadas gotas cayendo en la chapa sobre el, algo hizo que su placentero sueño se tornara en un pataleo demencial por sobrevivir, una lucha por entender la necesidad impuesta de nadar en la cama. Como puede uno salir de una bella pradera onírica para al segundo estar luchando instintivamente por sobrevivir. Cuando su cerebro comprendió la necesidad de despertar su cuerpo hace rato que había recibido el mensaje, y pateaba, braceaba y se retorcía como si de salvar la vida se tratara.

Cuando terminó de ganar conciencia, dejó de moverse y se quedó mirando al techo, un cielorraso de lambriz mal barnizado, con una sospechosa mancha negra en la que nunca había reparado, eso es, hasta ese momento. Su mente, comenzaba a preguntarse por que tanto frenesí, cuando de repente, desde la profunda obscuridad de su techo, desde esa mancha, ahora mas conspicua que nunca, cual una estocada de húmeda realidad, cual un causal de pequeñas gotas que tras recorrer cientos, miles de kilómetros decidían por una nimidad aliarse en complicidad contra el.

No pasó mucho para que se diera cuenta que este fenómeno no sucedía todas las veces que llovía, si no que sucedía mas bien cuando se daban ciertas condiciones climáticas concerniendo entre otras cosas, la dirección del viento y su velocidad. De ahí en mas, Leo supo que no podría simplemente dejar las cosas así, que su almohada y su colchón se mojaran era un lujo que no podía darse, de hecho, es un lujo que casi nadie querría darse. Corrió la cama de lugar – mañana tendré tiempo de buscar una solución- pensó, desde ese día en adelante dejaría cuando amenazara lluvia, un balde sobre la cama, sobre la almohada. Este es el primer puaj, pero un relato mas detallado de esta tertulia tomaría mas tiempo del que poseo.

El segundo, y mas peligroso, molesto e imprevisible puaj, llegó una noche en la que por fin el dueño de la panadería había logrado mover el horno de lugar para una habitación que se encuentra directamente debajo de la de nuestro héroe. Esto, no implicaría muchos problemas, si se había hecho un buen trabajo, y no algo a medias tintas. En el peor de los casos el piso del baño estaría un poco mas caliente y eso sería todo. En la primera noche, sintió un tenue olor a humo, se despertó a media noche, pensando que alguna corriente de aire traviesa había hecho que parte de las emisiones del horno entraran por su ventana, estiró su brazo, y con la torpeza característica de alguien que aun no está despierto, pero que tampoco esta dormido, cerró la ventana. Durante el transcurso de esa noche el olor y presencia del humo no solo no se disipó, si no que por el contrario, pareció agravarse. La noche siguiente fue lo mismo, y fue esa misma noche la que marco fin al misterio. Esa mañana cuando Leo se levanto, un poco incomodado por varias horas de respirar aire contaminado, se dirigió a su baño, allí, notó inmediatamente que el aire estaba mas enviciado que en el resto de la “casa” -como puede ser que esta habitación tenga tanto humo si la chimenea de la panadería comparte pared con la ventana de mi cuarto y no con la del baño- se preguntó. Ponderaba estas cosas, cuando de repente notó que la pared de la ducha contaba con un sospechoso y nuevo decorado. Tizne. El segundo puaj se había hecho manifiesto, Una rajadura en la pared una instalación lastimosa y despreocupada habá puesto en riesgo su vida.

Ni lento ni perezoso hizo saber su situación a su arrendador y espero que para esa noche el problema fuera no mas que una historia curiosa que contar a sus amigos. Un poco indignado en la noche de ese mismo día, descubrió que una instalación con plásticos y alambre estaba intentando dar terminó al problema. Despertaría 3 semanas mas tardes también con otra pesadilla, que le hablaría de víboras y venenos para hacerle despertar. Los plásticos habían fallado, hacía solo media hora que el panadero había encendido el horno y ya su casa estaba llena de humo -bendita pesadilla- pensó.

Había llegado la hora de mudarse.